Historia contada por Patrícia Cuní @madaboutravel

Historia contada por Patrícia Cuní @madaboutravel

24 Agosto 2020

Soy una persona muy independiente y solía trabajar desde casa a menudo porque mi empresa es flexible y nos deja llevarnos el ordenador. Por eso cuando el 13 de marzo de 2020 nos dijeron que debido al Covid-19 iban a cerrar las oficinas y que íbamos a trabajar desde casa hasta nueva orden me lo tomé bien. Pasar los meses del final del invierno en Edimburgo trabajando calentita en pijama desde el salón me pareció ideal. A mi chico también le mandaron rápido a teletrabajar y entramos en una rutina de estar juntos las 24 horas. La verdad es que en ese momento di gracias por no estar confinada sola y por tener apoyo moral, además de tener a alguien a quien abrazar. 

Pero después de casi 2 meses juntos, a finales de abril, un sábado mientras estábamos pintando la escalera del piso, recibimos una de esas noticias que nadie quiere recibir, y menos en tiempos de pandemia. Mi suegro falleció de repente, en Polonia, a más de 2.000kms. Entre el shock y las primeras etapas del duelo, mi chico consiguió que alguien le llevara en coche a su tierra para poder llegar al funeral. En menos de 24 horas habíamos pasado de ser dos a estar yo sola, encerrada en casa y lidiando con mis emocionas y la frustración de no haber podido viajar debido a restricciones. 

A todo esto se le suma que, por la pandemia, mi chico quedó atrapado en Polonia sin poder volver a casa en Edimburgo durante un mes. Vuelos cancelados, uno tras otro. La espera, las conversaciones por el móvil, el silencio, el vacío del piso. Al principio me costó adaptarme a estar sola, asimilar que su viaje de vuelta iba a ser complicado. Pero poco a poco me acostumbré y entré en una nueva rutina de hacer deporte cada día que me ayudó mentalmente a sobrellevar la soledad en confinamiento. Me levantaba por la mañana, hacía 30 minutos de ejercicio y iniciaba mi rutina de trabajo, cocina, más deporte y charlas. Y cada día era mejor que el anterior, igual que cada día era más largo que el anterior y se empezaba a notar el verano escocés en el aire. 

Así que, en cierta manera, el confinamiento y la pandemia me han hecho conocerme mejor… Y descubrir nuevas maneras de lidiar con la tristeza, la frustración y el tedio.